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Más allá del propio ombligo

 
 

En febrero del año pasado, reunidos en la conferencia central del I Foro Centroamericano de Periodismo organizado por El Faro, los colegas que de una u otra forma hemos sido parte de este periódico, acudimos juntos a escuchar lo que los directores de cuatro medios tenían que decir. Un director por cada país: El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala.

Lejos de la diplomacia de los cargos con corbata, la conferencia fue subiendo de tono. Los narcos, los políticos amigos de los narcos, los políticos enemigos de los medios, los políticos a secas, las rutas de la droga compartidas entre los países, las dificultades de ser un medio al que no lo manda la publicidad, las pandillas, las pandillas y los narcos, las pandillas, los narcos y, otra vez, los políticos, ¿se juntarán?, ¿ya se juntaron?

La charla terminó con uno de los directores al borde del llanto, recordando una terrible experiencia de secuestro e inminente muerte vivida junto a su familia. Una amalgama de crimen organizado, ex militares y funcionarios protectores. Una charla sobre tiempos desbordados en una región que nunca respetó los cauces.

Esa misma noche, los colegas nos reunimos. En esa sobremesa digerimos, y con la digestión vino el hambre. Hambre de saber más, de contestar a las preguntas que anonadados nos hacíamos. ¿Eso pasa en Guatemala? ¿Eso pasa en Honduras? ¿Eso pasa en Nicaragua? ¿Así que eso que pasa en Guatemala tiene que ver con esto que pasa en El Salvador? Y si eso le pasa a Guatemala, ¿quién quita que nos pase también a los demás países? Si somos una sola ruta, ¿no? Si al fin y al cabo, ¿qué son las fronteras en el istmo? Líneas, algunas de las más imaginarias que se han concebido.

Toda iniciativa tiene una génesis. La que, de manera muy condensada, he contado antes, es nuestra génesis, la de este nuevo proyecto de El Faro. Me alegra pensar que esa anécdota es una que habla de dudas e indignación. Indignación con uno mismo. Parafraseo una pregunta que se deslizó en aquella sobremesa de ideas: ¿Y cómo es que no nos hemos enterado de lo que pasa en ese país que es nuestro vecino? Y recuerdo que la respuesta se esfumó, penosa y agachada, en forma de pregunta contestada con el silencio: ¿Y vos cada cuánto leés algún periódico de ese país vecino? Una pregunta que dejó un eco no pronunciado, preguntón e infinito: ¿Y vos qué sabés de ese país, de esos países? Decime cómo se llaman los cárteles que operan allá. ¿Qué es el cártel del tumbe? Decime el nombre de una pandilla de Nicaragua. ¿Y en Honduras los presos también se separan en cárceles por pandillas? Lo que aquí se llamó Mano Dura, ¿cómo se llamó en Honduras, cómo se llamó en Guatemala? ¿Y por qué lo repitieron los tres? ¿Viste lo de la ola de linchamientos en Guatemala, la pesca de la langosta blanca en Nicaragua, la ruta de El Caminito en Centroamérica, el desamparo del Caribe en la región?... ¿Hace cuánto que solo te ves el ombligo?

Durante casi un año, decenas de reuniones, infinidad de modificaciones al presupuesto, y varios meses de búsqueda de fondos, el eco persistió. Hoy, ese eco se llama Sala Negra. Es la Sala Negra de El Faro.

Durante al menos un año, un equipo de seis reporteros, una documentalista y tres fotógrafos de la organización de fotografía documental Ruido Photo (Barcelona) nos dedicaremos en exclusiva a la cobertura de la violencia en la región. La intención es la de, por medio de líneas concretas de trabajo, entender la región como la entienden muchos criminales: sin fronteras tajantes. Y, en otro sentido, utilizar Centroamérica como un cuarto de espejos, donde siempre podremos reflejar en el de enfrente lo que el de enfrente contiene. Todos de cara a todos.

Sala Negra cubrirá cuatro países: El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras, desde siete líneas de trabajo: niñez y violencia, violencia de género, normalización de la violencia, crimen organizado, políticas públicas comparadas, sistemas penitenciarios y seguridad y cobertura periódica. El proyecto se define como uno de periodismo de profundidad, de materiales de largo aliento y de investigaciones de privilegiada duración en estos tiempos del periodismo de telegrafistas. Durante su existencia, y como sección de El Faro, Sala Negra utilizará todos los recursos y géneros que el medio permite: multimedia, crónicas, reportajes, interactivos, chats, conferencias en línea...

El nombre del proyecto surge de evocar ese término tan magullado en el periodismo, el de sala de redacción, donde el equipo comparte, debate, discute, argumenta, donde no se mecaniza ni se asume. El nombre nace de la necesidad de enfrentarse a ese panorama oscuro por falta de iluminación. Valga la obviedad.

Desde aquí, desde un proyecto que en todos sus sentidos sigue en construcción, iremos anunciando alianzas regionales, lanzamiento de redes sociales, de mejorados espacios dentro de El Faro.

Esta apertura la realizamos con materiales sobre El Salvador. La primera crónica y la primera, por así llamarla, sección temporal, hablan de este país. Mientras, los reporteros de La Sala Negra de El Faro, ya inician la ruta en los demás países para ser consecuentes en próximas entregas con el mandamiento de que es una urgencia ver más allá de nuestro propio ombligo.

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